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sábado, 7 de febrero de 2015

AISLADOS Y HASTA LAS OREJAS DE NIEVE

Accesos imposibles, reservas de turistas anuladas, granjas sin alimentos e impotencia son algunos de los efectos del temporal de nieve en muchos pueblos.
Muchos cántabros entienden desde hace unos días mucho mejor el mito de Sísifo. Desde el martes, e incluso antes en los casos más extremos, retiran día a día la nieve para que las ventiscas y nuevas precipitaciones vuelvan a cegar las puertas de sus casas. Sara Fernández Crespo es una de esas personas. San Pedro de Soba, donde tiene su estabulación, ha estado aislado buena parte de la semana, como seguía ayer por la mañana: «La pala nos tiene no un poco, sino completamente olvidados, y tenemos un montón de leche en los tanques que se puede perder. Antes de anoche -por el miércoles- subió gracias al alcalde, que mandó un tractor con pala, pero la del Gobierno de Cantabria no pasó hasta las ocho de la tarde, cuando ya no sirve para nada. Hay un chico de Santander que tiene yeguas en el monte y ha intentado subir a atenderlas. Iba muy bien equipado, con raquetas y todo, pero aun así la nieve le llegaba hasta la cintura y se ha tenido que dar la vuelta», se lamenta la ganadera.
 La situación es también «complicada» en Riaño (Campoo de Suso), en concreto en el Hotel Puente Romano, donde Andrea Rábago y otras cinco personas (su familia y un empleado) permanecen prácticamente aislados. «Podemos llegar a Reinosa, pero con un 4x4 equipado con ruedas de nieve y con muchas dificultades». La hostelera sabe tomarse la situación con humor: «Sí, podemos decir que estamos 'semi incomunicados'», ríe. Quizá sea la mejor forma de tomarse un temporal que la ha vaciado el hotel: «Han anulado todas las reservas y es un problema económico, porque estábamos al cien por cien y ahora solo nos quedan reservadas dos habitaciones que serán de gente que todavía no se ha debido de enterar muy bien de lo que está pasando, pero que seguro que anularán», aventuraba.
 Si importante ha sido la pérdida para el Puente Romano, más aún puede resultarlo para Ricardo Pacheco, que explota en Lomilla, muy cerca de Aguilar de Campoo, una granja con aproximadamente 45.000 conejos para los que solo dispone de alimento hasta el lunes. Puede pasar a pie e incluso llegar a la granja en todo terreno gracias a la ayuda de un vecino que le despeja la calzada con un tractor, pero la zona está impracticable para el camión de 30 toneladas que debe llevar el alimento a los animales. «En casa no tengo problemas, pero la situación en la explotación es muy difícil. Se han formado plazas de hielo en la base de la calzada y la verdad es que no sé cuál puede ser la solución. Quizá una cuña y mucha sal, porque no veo que de momento pueda pasar el camión».
Raúl Calderón, mantiene el contacto con el mundo a través del móvil. Incluso le funciona la tarifa de datos, pero no puede salir del pueblo. Ni tampoco le apetece. Bastante tiene con luchar con el metro y medio largo de nieve que no solo aísla Camesa, sino que le dificulta enormemente el trabajo. Debe dar de comer y acondicionar al ganado, protegido pero indefenso ante el temporal. «Esto roza lo caótico; tengo 40 años y no había visto nunca nada igual. No es que haya metro y medio de nieve por todas partes, es que además hay neveros que llegan a los tres metros. No se puede andar ni con los tractores».
El Restaurante El Laurel de Caloca también permanece incomunicado: «Estamos aislados, hasta las orejas de nieve y nadie pregunta ni se interesa por nosotros, salvo vosotros», explica su propietario, Manuel García: «No ha habido nadie enfermo, pero hay muchísima nieve y ni abren ni se interesan por la situación. Solo para llegar a dos naves con ganado que hay a kilómetro y medio se tarda hora y media, y al volver al huella está tapada».
 Más bullicio hay en la aislada Mataporquera, que el temporal ha convertido en pequeño crisol de viajeros. Así lo explica Jack Iliev, empleado del Hostal Chamberí que desafió a los elementos para ir a trabajar -vive en Aguilar de Campoo- después de que el martes le fuera imposible: «Estamos desconectados, no sé si ya estará abierta la autovía, pero estos días no dejaban pasar a casi nadie. Llevamos así desde el martes, pero no nos aburrimos porque hay bastante gente alojada en los hoteles. Conductores que se quedaron atrapados por el temporal y gente que trabaja en la fábrica y no ha podido volver a casa». El Chamberí es el epicentro de Valdeolea, mientras que el resto del pueblo está mucho más tranquilo : «Hay una nevada de la virgen y debe haber muchas carreteras cerradas».
También incomunicada por carretera está La Corza Blanca, en Brañavieja. El recepcionista, Borja Rementería, atiende las constantes llamadas mientras se afana junto a sus compañeros en adelantar todas las tareas posibles. «Tenemos tres personas alojadas, pero son trabajadores de Alto Campoo». Él se aloja en el propio hotel, en la zona de empleados: «Está en una zona específica y somos los que nos encargamos del mantenimiento de nuestras habitaciones, pero por lo demás son iguales a la que pueda reservar cualquier cliente», explica.
Elena Gutiérrez tiene menos por lo que preocuparse. A no demasiados metros la nieve marca el fin del camino, pero ella no se ha quedado aislada. Esta jubilada de cerca de ochenta años, cuya memoria se remonta incluso a alguna gran nevada a finales de los años cincuenta, habla ya de la de este año como una de las mayores que ha visto. Y piensa sobre todo en sus vecinos y en la gente más joven. «Nosotros ya estamos jubilados y nos da igual; aquí estamos bien, pero la gente que tiene animales lo está pasando muy mal. Esta noche han vuelto a caer diez centímetros».
 También ha sabido capear el temporal Jaime García, propietario del Refugio Tres Mares, también en Brañavieja: «Íbamos a intentar subir hoy -por ayer- con los esquís de travesía, pero no hemos podido. Lo intentaremos otra vez mañana, pero no sé que pasará porque sigue todo muy cerrado. El refugio lleva aislado desde el sábado a mediodía, cuando nos fuimos», recuerda.