Accesos imposibles, reservas de turistas anuladas, granjas sin
alimentos e impotencia son algunos de los efectos del temporal de nieve
en muchos pueblos.
Muchos cántabros entienden desde hace unos días mucho mejor el mito de
Sísifo. Desde el martes, e incluso antes en los casos más extremos,
retiran día a día la nieve para que las ventiscas y nuevas
precipitaciones vuelvan a cegar las puertas de sus casas. Sara Fernández
Crespo es una de esas personas. San Pedro de Soba, donde tiene su
estabulación, ha estado aislado buena parte de la semana, como seguía
ayer por la mañana: «La pala nos tiene no un poco, sino completamente
olvidados, y tenemos un montón de leche en los tanques que se puede
perder. Antes de anoche -por el miércoles- subió gracias al alcalde, que
mandó un tractor con pala, pero la del Gobierno de Cantabria no pasó
hasta las ocho de la tarde, cuando ya no sirve para nada. Hay un chico
de Santander que tiene yeguas en el monte y ha intentado subir a
atenderlas. Iba muy bien equipado, con raquetas y todo, pero aun así la
nieve le llegaba hasta la cintura y se ha tenido que dar la vuelta», se
lamenta la ganadera.
La situación es también «complicada» en Riaño (Campoo de Suso), en
concreto en el Hotel Puente Romano, donde Andrea Rábago y otras cinco
personas (su familia y un empleado) permanecen prácticamente aislados.
«Podemos llegar a Reinosa, pero con un 4x4 equipado con ruedas de nieve y
con muchas dificultades». La hostelera sabe tomarse la situación con
humor: «Sí, podemos decir que estamos 'semi incomunicados'», ríe. Quizá
sea la mejor forma de tomarse un temporal que la ha vaciado el hotel:
«Han anulado todas las reservas y es un problema económico, porque
estábamos al cien por cien y ahora solo nos quedan reservadas dos
habitaciones que serán de gente que todavía no se ha debido de enterar
muy bien de lo que está pasando, pero que seguro que anularán»,
aventuraba.
Si importante ha sido la pérdida para el Puente Romano, más aún puede
resultarlo para Ricardo Pacheco, que explota en Lomilla, muy cerca de
Aguilar de Campoo, una granja con aproximadamente 45.000 conejos para
los que solo dispone de alimento hasta el lunes. Puede pasar a pie e
incluso llegar a la granja en todo terreno gracias a la ayuda de un
vecino que le despeja la calzada con un tractor, pero la zona está
impracticable para el camión de 30 toneladas que debe llevar el alimento
a los animales. «En casa no tengo problemas, pero la situación en la
explotación es muy difícil. Se han formado plazas de hielo en la base de
la calzada y la verdad es que no sé cuál puede ser la solución. Quizá
una cuña y mucha sal, porque no veo que de momento pueda pasar el
camión».
Raúl Calderón, mantiene el contacto con el mundo a través del móvil.
Incluso le funciona la tarifa de datos, pero no puede salir del pueblo.
Ni tampoco le apetece. Bastante tiene con luchar con el metro y medio
largo de nieve que no solo aísla Camesa, sino que le dificulta
enormemente el trabajo. Debe dar de comer y acondicionar al ganado,
protegido pero indefenso ante el temporal. «Esto roza lo caótico; tengo
40 años y no había visto nunca nada igual. No es que haya metro y medio
de nieve por todas partes, es que además hay neveros que llegan a los
tres metros. No se puede andar ni con los tractores».
El Restaurante El Laurel de Caloca también permanece incomunicado:
«Estamos aislados, hasta las orejas de nieve y nadie pregunta ni se
interesa por nosotros, salvo vosotros», explica su propietario, Manuel
García: «No ha habido nadie enfermo, pero hay muchísima nieve y ni abren
ni se interesan por la situación. Solo para llegar a dos naves con
ganado que hay a kilómetro y medio se tarda hora y media, y al volver al
huella está tapada».
Más bullicio hay en la aislada Mataporquera, que el temporal ha
convertido en pequeño crisol de viajeros. Así lo explica Jack Iliev,
empleado del Hostal Chamberí que desafió a los elementos para ir a
trabajar -vive en Aguilar de Campoo- después de que el martes le fuera
imposible: «Estamos desconectados, no sé si ya estará abierta la
autovía, pero estos días no dejaban pasar a casi nadie. Llevamos así
desde el martes, pero no nos aburrimos porque hay bastante gente alojada
en los hoteles. Conductores que se quedaron atrapados por el temporal y
gente que trabaja en la fábrica y no ha podido volver a casa». El
Chamberí es el epicentro de Valdeolea, mientras que el resto del pueblo
está mucho más tranquilo : «Hay una nevada de la virgen y debe haber
muchas carreteras cerradas».
También incomunicada por carretera está La Corza Blanca, en
Brañavieja. El recepcionista, Borja Rementería, atiende las constantes
llamadas mientras se afana junto a sus compañeros en adelantar todas las
tareas posibles. «Tenemos tres personas alojadas, pero son trabajadores
de Alto Campoo». Él se aloja en el propio hotel, en la zona de
empleados: «Está en una zona específica y somos los que nos encargamos
del mantenimiento de nuestras habitaciones, pero por lo demás son
iguales a la que pueda reservar cualquier cliente», explica.
Elena Gutiérrez tiene menos por lo que preocuparse. A no demasiados
metros la nieve marca el fin del camino, pero ella no se ha quedado
aislada. Esta jubilada de cerca de ochenta años, cuya memoria se remonta
incluso a alguna gran nevada a finales de los años cincuenta, habla ya
de la de este año como una de las mayores que ha visto. Y piensa sobre
todo en sus vecinos y en la gente más joven. «Nosotros ya estamos
jubilados y nos da igual; aquí estamos bien, pero la gente que tiene
animales lo está pasando muy mal. Esta noche han vuelto a caer diez
centímetros».
También ha sabido capear el temporal Jaime García, propietario del
Refugio Tres Mares, también en Brañavieja: «Íbamos a intentar subir hoy
-por ayer- con los esquís de travesía, pero no hemos podido. Lo
intentaremos otra vez mañana, pero no sé que pasará porque sigue todo
muy cerrado. El refugio lleva aislado desde el sábado a mediodía, cuando
nos fuimos», recuerda.
