“Hay una
falla entre Tenerife y Gran Canaria y es muy importante. Si nos atenemos a su longitud, podría originar
terremotos de 6 grados en la escala de Richter o incluso algo más”, manifestó ayer Luca D’Auria,
una autoridad mundial en la materia, que acaba de asumir la máxima
responsabilidad de la denominada Red Sísmica Canaria. Esta depende del Instituto Tecnológico y de Energías Renovables (ITER), del Cabildo de Tenerife.
El experto italiano, de 41 años, encargado de vigilar, entre 2003 y
2015, el Vesubio, uno de los volcanes más peligrosos del planeta,
indicó, en la entrevista concedida a este periódico, que “la magnitud de
los terremotos tectónicos está directamente asociada con la extensión
de las fracturas de la corteza terrestre, y la que existe entre las dos
principales islas de Canarias es grande”.
Según el catedrático de Ingeniería Geológica de la Universidad
Complutense de Madrid, Luis Ignacio González de Vallejo, la falla
situada entre Tenerife y Gran Canaria tiene una longitud de “al menos”
35 kilómetros y coincide en señalar que se trata de una dimensión “muy
considerable”. Por este motivo, Luca D’Auria advierte de que los
terremotos más importantes en esta área tendrán el epicentro en esa
alteración de la corteza terrestre. Nemesio Pérez, director de la
División de Medio Ambiente del ITER y coordinador científico de
Involcan, recuerda que Canarias se encuentra en una zona de “intraplaca”
(de baja sismicidad), “pero ya sabemos que tenemos que convivir con esa
fractura que, además, tiene relación con la actividad volcánica”. No
hay que olvidar que muy próximo a la falla se encuentra, sumergido, el
conocido como volcán de en medio.
La Red Sísmica Canaria acaba de nacer. Ha sido registrada
oficialmente con el código internacional C 7 en la Federación
Internacional de Redes Sísmicas Digitales. Sus objetivos son reducir al
mínimo el umbral de detección de eventos sísmicos, desarrollar métodos
automáticos para caracterizar la microsismicidad en tiempo real y
aprovechar el superordenador Teide en la búsqueda de eventos ocultos en
la sismicidad de fondo. Su radio de acción no se limitará solo a
Tenerife, ya que tiene previsto expandirse por el resto de las islas
para fortalecer la alerta temprana ante posibles erupciones volcánicas.
La red sísmica permanente de Tenerife está integrada por 15
sismógrafos situados estratégicamente por toda la Isla que transmiten
datos en tiempo real. Doce de ellos ya están funcionando y los tres
restantes, ubicados en Anaga, Boca de Tauce y Guía de Isora, entrarán en
servicio en un plazo máximo de tres meses. La precisión de estos
instrumentos es máxima y permitirán detectar seísmos de mínima
intensidad, lo cual facilitará el seguimiento al detalle de los
expertos, que dispondrán de suficiente tiempo para prevenir situaciones
de riesgo. Atendiendo a la nueva información disponible, el máximo
riesgo sísmico de notable magnitud (6 grados o más) se concentra en
tierra en el sureste de Tenerife y noroeste de Gran Canaria, toda el
área afectada por la falla.
Al frente de esta red está desde el pasado 1 de noviembre Luca
D’Auria, uno de los científicos europeos de mayor prestigio en esta
materia, fichado por Nemesio Pérez para tal responsabilidad. Desde el
centro de control de Involcan, en el Puerto de la Cruz, supervisaba ayer
la información que reflejaban cuatro grandes pantallas conectadas con
el ITER, centro al que llegan directamente los datos de las estaciones.
Más de 400 ‘eventos sismovolcánicos’ en el último enjambre
D’Auria y Pérez aportaron ayer un dato significativo que revela la
precisión del nuevo instrumental instalado por toda la Isla. Cuando el pasado 2 de octubre se produjo un enjambre de pequeños terremotos alrededor del Teide,
que el Instituto Geográfico Nacional cifró en 96 en un espacio de
cuatro horas, la primera estación de la nueva red, en el Puerto de la
Cruz (el resto estaba en plena fase de montaje), registró más de 400
“eventos sismovolcánicos”.
“Detectamos sismicidad debajo de toda la Isla, no solo alrededor del
Teide, es lo normal en una zona volcánica”, apuntó D’Auria, que aclaró
que las señales indican movimientos de fluidos, “pero no tiene que ser
necesariamente magma, pueden ser gases o agua”. A su juicio, con esta
red se dan ahora las condiciones para “escuchar el silencio de los
volcanes; debemos aprovechar el oído sísmico, sin necesidad de
terremotos, para avanzar en la investigación”. Puso como ejemplo el
Teide, “que está dormido”.
Nemesio Pérez adelantó que en el futuro se instalarán más sismógrafos
de estas características en la Isla y resaltó que la puesta en marcha
de la estructura de sensores no debe asociarse con ninguna situación
anómala en el comportamiento del subsuelo de las Islas. “Somos islas
volcánicas y alguna vez teníamos que hacerlo”, declaró. Además, resaltó
que, una vez que ahora la información llega en tiempo real al ITER, el
siguiente objetivo será desarrollar métodos de análisis automáticos ante
una situación de crisis volcánica. Ahí juega un papel fundamental el
supercomputador Teide. Preguntado, por último, por la zona más probable
donde podría producirse una erupción volcánica en Tenerife en el futuro
apuntó hacia las dorsales noroeste y noreste, más que al gran edificio
central de la isla, que tiene en el Teide su máximo exponente.
Precisamente, el catedrático de Ingeniería Geológica Luis Ignacio
González de Vallejo, recordaba ayer que el Teide es el tercer edificio
volcánico oceánico del planeta, con casi 8.000 metros desde su base
sumergida hasta el cráter.