El Gobierno regional ha activado el Plan de Incendios ante la posibilidad de que la situación continúe durante este domingo
Efectivos de la Unidad Militar de Emergencia (UME) se ha unido a la
lucha contra el fuego en Cantabria desde este sábado. A lo largo de la
noche se han incorporado a los efectivos de extinción cincuenta
militares, y durante la mañana del domingo está previsto que acudan a la
región 47 más, con autobombas y camiones nodriza.
El viento sur, el calor y la sequía que arrastra la comunidad
autónoma desde hace semanas fueron la combinación perfecta para que este
sabado se desatara una treintena de incendios en diversas comarcas de
Cantabria que desbordaron a los servicios de extinción del 112. Según el
Gobierno regional, la previsión para las próximas horas «no es
demasiado halagüeña» por la continuidad de las condiciones
meteorológicas. Por este motivo, el Ejecutivo ha decidido activar el
Plan Especial de Protección Civil de la Comunidad Autónoma en materia de
incendios forestales (Infocant). El UME llegó a las cinco de la mañana
y ha instalado su base en Ruente.
Una de las zonas más afectada fue el valle de Luena, y especialmente el pueblo de Resconorio (91 habitantes),
en el que las llamas devoraron el paraje de ‘La Cuesta’, una zona de
monte bajo y maleza en el que hace unos años había un pinar que también
fue destruido por el fuego.
Escenarios similares se vivieron en Cabuérniga, donde en algunos momentos llegaron a convivir hasta 12 focos distintos.
Localidades como Carmona, Ruente, Renedo, Los Tojos, Fresneda, Ucieda,
Barcenillas, La Miña o Correpoco vieron durante gran parte de la jornada
el humo saliendo de sus bosques. Y en Herrerías, el valle de Iguña (los
alrededores de San Román del Moroso y los montes Rodil y Bustantigua),
la zona de Solares, la comarca de Liébana... La lista se iba
incrementando a medida que pasaban los minutos. «Lo peor es que la
mayoría todavía no están controlados», decía a última hora de ayer uno
de los empleados de las cuadrillas.
«He llegado a las 16.00 horas y me he encontrado con esto, pero parece ser que el incendio comenzó a media mañana», explicó
el
presidente de la Junta Vecinal de Resconorio, Alfredo Martínez,
especialmente preocupado por la posibilidad de que las llamas, de varios
metros de altura, llegaran hasta una zona repleta de cabañas de ganado
y donde también se encuentran varias viviendas. Hasta el lugar se
trasladaron las brigadas forestales, que se encargaron de crear
cortafuegos para, precisamente, evitar que el peligro llegara hasta los
edificios. Las fuertes rachas de viento y la carencia de depósitos de
agua impidieron la intervención del helicóptero y de los bomberos del
Gobierno regional, una situación muy similar a la que ya se vivió el
viernes en otro fuego en San Miguel de Luena.
Según explican los vecinos, la situación parecía controlada al
mediodía, pero a partir de las 17.00 horas el viento volvió a arreciar y
volvieron a vivirse momentos de tensión.
Ya sin luz natural, los efectivos de la Dirección General de Montes siguieron trabajando en una zona de difícil acceso,
con apenas pistas forestales para desplazarse y con un gran desnivel
que dificultó las labores de extinción. Desde la casa de su hermano
Jesús, situada en la plaza del pueblo, Aurora Martínez podía ver «a lo
lejos el resplandor del fuego», aunque a última hora de ayer se mostraba
segura de que las llamas no llegarían al núcleo urbano. Ella, que
aunque vive en Santander vuelve todos los fines de semana al pueblo, se
queja de que «ya no hacen ni cortafuegos».
La cronología de los acontecimientos fue muy similar en el valle de Cabuérniga. Si bien
la mayoría de los focos se desataron durante la mañana, no hubo grandes
problemas hasta alrededor de las 17.00 horas, el momento en el que se
registraron las rachas más altas y las temperaturas más elevadas. «Son
muy peligrosos y en algunos casos han llegado a estar cerca de las
viviendas, como ocurrió este mediodía en Correpoco. Si no es por las dos
motobombas para llevar algo de agua, la cosa habría sido mucho peor»,
decía ayer uno de los guardas forestales que se esforzaba en la
extinción.
Fuegos «muy graves» que se ensañaron con zonas de bosque repoblado,
especialmente de pino. En Cabuérniga eran seis personas de Montes y tres
cuadrillas, pero no contaban con más ayuda que esas dos motobombas para
refrescar los 12 pueblos afectados. «No tenemos personal. Nosotros no
podemos hacer más», se lamentaba el trabajador.
Pero
Cantabria no fue la única comunidad autónoma que sufrió este viernes
las llamas. En Asturias se contabilizaron otros tantos fuegos, y
lo mismo ocurrió en Vizcaya y Guipúzcoa, donde llegaron hasta la
capital. El riesgo de incendios ya había obligado a las autoridades a
suspender este fin de semana distintas batidas de caza en las comarcas
del Besaya, Nansa y Liébana, ya que los guardas que se encargan
habitualmente de atender esta actividad habían sido destinadas a labores
de control y vigilancia ante la posibilidad de fuegos.
También se registraron fuegos de diversa intensidad en lugares como
Lavín (Parque de Los Collados del Asón), Las Nieves y Agüera (Guriezo),
Lamedo (Cabezón de Liébana), Cóbreces (Alfoz de Lloredo), La Cavada
(Riotuerto) y Lombraña (Polaciones). Prácticamente ninguna comarca de
Cantabria se libró de las llamas.
Viento de récord
Dejando a un lado los incendios, en el resto de localidades d
e
Cantabria los protagonistas meteorológicos del día fueron el calor
inusual para la tercera semana de diciembre y, sobre todo, el fuerte
viento del sur. Las previsiones de los expertos de la Agencia
Española de Meteorología (Aemet)acertaron, pero solo a medias. El sábadi
tenían activada en la región la alerta amarilla por fuertes vientos,
pero este aviso solo afectaba al interior de Cantabria.
Fueron precisamente la zona del litoral y la comarca de Campoo –los
únicos lugares que estaban en verde en el mapa– los que se llevaron la
peor parte de este temporal. De hecho, Reinosa registró la segunda racha
de viento más alta de todo el país (99 kilómetros por hora), solo
detrás de los 123 de Fisterra, una habitual en las tablas de récords.
Alrededor de 90 km/h se alcanzaron en Tresviso y 80 km/h en Soba y en el
aeropuerto de Santander –no llegó a cancelarse ningún vuelo– y 76 en
Castro Urdiales. A pesar de ello, los servicios de emergencias apenas
tuvieron que realizar actuaciones. «Dos o tres intervenciones por chapas
sueltas o tiestos que se cayeron de los balcones», explicó el 112 a
mitad de la tarde. Por su parte, los bomberos de la capital acudieron a
la calle General Dávila, en donde se desprendió parte de los azulejos de
la fachada del quinto piso de un edificio, algo «común» en este tipo de
situaciones.
Que haga viento, aunque asuste, está dentro de lo habitual en estas
fechas. Lo que es menos normal es el calor que ayer, como en los días
precedentes, se sintió en la región. Sobre todo en Cillórigo de Liébana,
donde los termómetros ascendieron a los 24,1 grados, o San Vicente de
la Barquera, Castro Urdiales y Ramales de la Victoria, que rozaron los
24 grados. Como consecuencia del viento, la sensación térmica fue
inferior.